De cuando Roldán Parte Y cuando di la vuelta estaba de manos y pies liberado jadeante, dispersamente animal, primitivo. Y éramos dos los que cuando en el ocio vimos que no que no nos era permitido vegetar ante la falta de armas, de amores, de bellezas dignas de ser transformadas. Que el mundo estaba allí y no podíamos nosotros ocultarnos, negarle la obligación de entregarnos a él como las pelusas a los rincones o las manos frías al desconcierto. Fue difícil ver cuando él se supo libre y despierto. Y fue más cuando vino a mí y comenzó a atarme.¿Del placer? Todo. Era tibio sentirlo con su furia contenta. Hacia mí todas las espadas, Verle. Intentar creerle que algún día podría ayudarle. Que se adelantaba y salía del lecho amándome más que cuando pretendía y pretende. Y yo atada, casi conforme, cerebral, pensativa. Pasó poco tiempo sin que pudiera cortar las ridículas correas. A cada paso, la verdad era más cruel que la misma ironía. No hay un de pronto, si alguien pregunta. No ...