viernes, 1 de julio de 2016

Mademoiselle Satán - Jorge Carrera Andrade

Mademoiselle Satán

Mademoiselle Satán rara orquídea del vicio.
¿Por qué me hiciste , di, de tu cuerpo regalo
la señal de tus dientes llevo como silicio
en mi carne posesa del Enemigo Malo.

¿Por qué probó mi lengua el sabor de tu sexo
y el vino que en la noche destiló tus pezones?
¿Por qué el vello que nace de tu vientre convexo
se erizó para mí con nuevas tentaciones?

¿Por qué se hundió en mis labios tu lengua venenosa
y se hallaron tus ojos con un lúbrico signo?
Y cuando haces vibrar tu desnudez lechosa
pienso en que debes ser la hembra del maligno.

Si se adueñó este ídolo de mi alma hasta la muerte
y no tengo la culpa ¡oh San Antonio casto!
Yo que era niño aún y como el roble fuerte
dejé quemar mi vida sobre tu altar nefasto.

Yo la he visto desnuda ¡Señor!, ¡si, yo la he visto!
Tembló y quedose el alma eternamente muda.
Prefiero a ese recuerdo los tres clavos de Cristo,
la cruz, antes que verla en mis noches desnuda.

Señorita Satán, tú que todo lo puedes,
tus hombros, tu cadera que reclaman incienso,
tus suaves pies, tus brazos, son otras tantas redes,
tendidas hacia el pobre corazón indefenso.

Me diste el dulce gusto de tu boca, el turbante
martirio de tus muslos ceñiste a mi cintura,
y cuando fuimos presa del espasmo extenuante,
tu enorme beso fue como una quemadura.

Eres la hembra única, lo mismo en el reposo
que en el sexual combate, ¡Santa Orquídea del vicio!
Hasta cuando torturas con tu cuerpo oloroso,
no hay placer en el mundo que iguale aquel suplicio.

Satán, mujer que tienes un rubí en cada pecho,
tus verdes ojos lúbricos son siempre una asechanza,
tu desnudez que viene las noches a mi lecho,
para mi ciego olvido, es tu mejor venganza.

Jorge Carrera Andrade, 1927.

jueves, 12 de mayo de 2016

La mujer - Luis Alberto Spinetta

LA MUJER

Una mujer
desde otra tarde,
salpicada por un profundo espejo.

Tirada en el abismo
con sus menstruos carmín
depositados en el limo natural
con la precisión de besos.

Una damisela realmente celeste.
Vestidos de espumas dilatados,
corsés rosa,
adornos y teñidos.

Una mujer con collares
con ojos manuscritos
con pezones labiales y suaves
con sombreros de pétalos tan claros.

Una mujer dada a su propio mundo,
mundo que la deglute
y que le da los rayos.
Le da canastos con frutas e hijos,
miembros que la deshacen
y la vuelven a nacer.
Barriletes en azoteas,
ligustros blancos.

Una mujer transportada es un misterio.
Donde rozan sus pies dialogan flores
y aparecen sangres.


Luis Alberto Spinneta
Guitarra Negra
Parte Segunda 

martes, 3 de mayo de 2016

Preguntas


y no dejamos de preguntarnos,
una y otra vez,
hasta que un puñado de tierra
nos calla la boca...
Pero ¿es esto una respuesta?

Heinrich Heine




Su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado

Quevedo


jueves, 17 de marzo de 2016

Yo río las palabras...

Yo río las palabras...

Yo río las palabras
yo lloro las mundanas muecas de la garganta
soltando sollozos vacíos
de lo callado, lo silenciado, lo sepultado.
Yo río las palabras
aquellas que ya no dicen nada
y joden la quietud de la implantada soledad.
Yo río las puntadas hilvanadas al papel
solo para ver sangrar su dolor
que ya no significa nada.
Yo río las palabras al más profundo sarcasmo
que se ahogan y naufragan huérfanas
en la punta de las gónadas
sin vientre fecundo.
Yo río las palabras
vibrando y rasgando con un cigarro sus cuerdas
solo para acallarlas.
Yo río las palabras,
yo lloro las palabras,
yo trago palabras atoradas,
yo respiro palabras,
yo en ira de palabras,
yo río palabras por no llorarlas.
Yo silencio palabras
al desnudo alboroto
de la cima de tu regazo
para gemir en él.

  




Rescatado de unos apuntes
2015.


Graffiti 2

Con un pocho rojo
esperando el amanecer